En tiempos de fugacidad, donde pocas son las cosas permanentes, somos huérfanos de deseos, ya que una vez conseguidos, desaparecen dejando espacio para los siguientes.
Huyo de la globalidad, de las masas, de lo habitual, de lo simple, del ruido… busco la calma, lo extraordinario, lo sugerente, lo distinto, el silencio… He reconocido mi camino, conozco mis deseos, aunque no tengo claro si son una ilusión he entendido el por qué de mi búsqueda, necesito comprender, esa es mi verdadera libertad.
Mi realidad comprendida es la búsqueda de la belleza, allí me siento pleno, sé que es verdadera, que me convierte en verdadero, que la mentira y la tristeza no existen, que el ruido y la desidia no pueden, por definición misma, aparecer alrededor ni en disimuladas partículas que nos bombardean. Allí y solo allí.
Esto me hace sabio, feliz, dichoso, eterno.

Estoy delante de la mar, de un acantilado. Bajo a la playa, siento la arena en mis pies descalzos, percibo la energía del agua en mi cuerpo. Miro a las nubes antes que se disfracen. Contemplo el paisaje en su totalidad. Silencio. Una melodía -los sonidos asociados al agua, a la naturaleza viviente, al viento… son una melodía-. Esa melodía no rompe el silencio, lo crea. Mi silencio es distinto al otro silencio, quizá porque también lo he comprendido. Veo. Siento. Entiendo.
Las formas de las rocas que me llevan dentro de mis sueños, las curvas de las olas que me recuerdan a ti, el todopoderoso cielo de colores buscados, la fauna intermareal que me acompaña, me mira, y me dice a través de susurros de la brisa del norte: lo has comprendido.

Sí, siempre ha estado aquí, aunque no de la misma forma. Siempre he estado aquí, aunque quizá no lo entendía. Siempre has estado aquí, mirándome de cerca. ¿Ellos han estado aquí? No, ya no hay tiempo, ni es una opción.
Me voy, y aunque la metáfora está tocada por mil manos de las que no me fio, en las que no confío, y de las que reniego por completo… la utilizo. Al irme comenzó a llover y lo vi claro.
Has llorado al verme partir, y he comprendido el sentido de tus lágrimas. Pocos te comprenden. ¿Por qué no aguantar unos minutos más? Solo porque he probado el sabor de tu llanto, y no es tristeza, ya que allí no existe, allí y solo allí. No es desesperación, ya que allí no existe, allí y solo allí. Tampoco es felicidad, no somos una línea recta. Tu llanto es otra melodía, la melodía de la despedida de la belleza hasta el próximo día, el Miserere del hasta pronto. La comprensión de nuestro encuentro y la verdad de nuestra relación.

Y decían que bonito… era vernos pasear.
